El último paseo
4 de abril de
1952. Mi señora, afanada con el quehacer de la casa, enlistando en su cabeza
los pendientes: ir por verdura, por sus hijos a la escuela; de ahí, a la casa
de la vecina, a planchar ropa. Se dirige a prisa hacia el mercado, siete
cuadras hasta “el Guamilito”, carga ahora verdura fresca y tortilla, seis cuadras
más, apresurada y cargada, a tiempo – justo a tiempo para recoger a sus hijos.
En la casa, se sientan a comer, la hermana mayor recoge los platos y los lava,
dan las cuatro, se levanta, se retira, va con la vecina, plancha su ropa para
ganar algunos lempiras, cae la noche, exhausta regresa a casa, al interminable quehacer:
deja todo limpio, listo para mañana.
Esas eran las tardes de mi señora.
Hoy, 60 años después, es una anciana de 92 años, que recuerda con nostalgia la
utilidad que le dio a sus días. Después de tanto trabajar y sacar adelante a 5
hijos, de los cuales uno ya falleció, vive tranquila en casa de su nieta, acompañada
de su hija mayor. Sí, tres generaciones vivas, y la cuarta les cuenta esta
anécdota.
Yo ya tenía trabajo, y ganaba un
salario decente para pagar la universidad, y costear mis propios gastos. No
contribuía a la casa, a menos que mi mamá me lo pidiera. Mi bisabuela, todas
las mañanas me despedía cuando me iba a trabajar: “Dios me la bendiga y la
guarde, la cubro con la sangre de Cristo”, era el rezo diario que lanzaba mi
señora. Es de pocas palabras, y muy raro
se anima a platicar conmigo. Su vida se simplificó a comer y dormir. Ya no ve
la televisión, porque las cataratas afectaron su ojo izquierdo, y con el
derecho solo mira sombras, la artritis la hace sufrir de pequeños dolores
matutinos, nada serio, son cosas de la edad. Chaparrita y con huesos de hierro,
ninguna enfermedad la ha doblado, la osteoporosis, gastritis, diabetes, presión
alta, y taquicardias no son términos conocidos o vividos en ella. Alzheimer,
le da de vez en cuando a su conveniencia y tiene sordera selectiva también.
Mi señora, mi señora, tiene en sus ojos la caída de los años, y su piel refleja
los días bajo el sol. Fue formada con vara y maizal, ve la juventud de nuestros
días y se sorprende de nuestra rebelión. Dios te va a castigar, repetía cuando
yo hacía algo malo, pero no es Dios abuelita, la vida nos pasa la factura, y
terminamos sufriendo nuestra propia consecuencia. ¿Qué acciones tan nobles
realizaste en tu vida, que ahora te ves confortada en la tranquilidad de una
hamaca?
Abuelita, ¿quieres salir a
pasear? Mmm… ¿a dónde me vas a llevar? Usted no pregunte. Llegó ese día, era mi descanso en el trabajo, así que le
pedí que se vistiera y en una hora salimos. No tengo las palabras para expresar
lo especial que fue ese día. El sol de las 11 de la mañana es justo todavía. No
hace 50 años cuando salía mi señora y eran avenidas rodeadas de arboles, ahora
el pavimento y el tráfico hacen ardiente el sol al mediodía. Utilicé el tiempo sabiamente,
tomamos un bus que nos llevó hasta el centro, llegadas allí, la llevé al parque
central. Acompañadas de una sombrilla, a paso lento pero seguro caminamos hasta
Pamplona, una pequeña cafetería con mesas para dos y una barra; al fondo de ésta,
obsérvanse Fotografías de España, manteles blancos y 2 televisores colocados en
cada esquina, a lo alto de la pared. Aquí las personas mayores llegan a comer y
tomar café, leen el periódico y platican de los tiempos cuando fueron obreros
en los campos bananeros en la Lima.
Abrí la puerta y ella entró
primero. Tomamos la segunda mesa después de la
entrada, llegó la mesera y nos
ofreció de tomar, pedí un refresco de Cola y dos club sándwich. Un silencio
placentero amenizaba nuestra comida, que sólo remarcaba la alegría de aquel día.
Tomé la servilleta y limpié su nariz llena de mostaza, me sentí feliz, ese
espacio en mi corazón llenado a plenitud, ver a mi señora comer un plato entero
sin molestias de la edad, que le quite la carne o los pepinillos no es problema
para ella. Le ofrecí mas refresco, y terminamos de comer. Pedí la cuenta y al
pagar nos dieron dulce de menta, su favorito. Satisfechas, caminamos nueve
cuadras hacia “el Guamilito”, lentas pero seguras y ya con el sol en nuestras
cabezas. Me decía: “Ese edificio no estaba allí la última vez que anduve por aquí,
y esa esquina la remodelaron, ¡que calor hace!, ¿ya vamos a llegar?, ¿y ése es
el Hotel Sula vos?, Cuando yo pasaba por aquí no había tanta gente, no se te
olvidó la cartera verdad, ¿ya le hablaste a tu mami que ya vamos para la casa?…”.
“Abuelita, ahorita vamos para Guamilito, y después para la casa.” Entramos por
el lado de los puestos de tortilla, “quería
tortilla mami”, “no se le ofrece tortilla mami”, “cómpreme tortilla mami”, es
el canto de las tortilleras, ofreciendo al que va caminando por el pasillo
rodeado de hornillas, donde señoras y niñas trabajan con delantales puestos y
gorros blancos para sostener el cabello. Un Mercado cerrado por paredes y techo
no es muy fresco a estas horas del día. Entramos a un puesto de souvenirs, artesanía
Lenca, cuadros, machetes, cofres, jarrones, tarjetas, muñecas de mimbre y
vestidos de manta. Le compré un vestido. La paseé por los puestos de verdura,
llenos de color y frescura, canastos llenos de mazapán y cebolla, frijol y
especias. Y por el lado de las flores, ¡Qué belleza! Rosas, claveles,
girasoles, alcatraces, y margaritas. ¡Qué cambiado esta todo, vos!
Saliendo de allí, paré un taxi,
mi señora ya estaba cansada con sus tobillos hinchados de tanto andar. Listas
para regresar, pregunté: “¿Te gustó el paseo abuelita?”. Pregunta que me vi
obligada a hacer, ya que ella nunca ha sido una persona que exprese sus
sentimientos. “Sí. Tenía ya mucho tiempo que no salía a caminar por esas
calles.” “Con cuidado abuelita, el pie póngalo aquí, yo me subo de este lado… sí, sí, ya nos
vamos a la casa. “
Es muy lindo darles este tipo de
salidas a los señores de edad, cuando ellos ya no salen solos, por temor a perderse,
porque se cansan, o por estar enfermos. El amor es la única energía que nos
impulsa a actuar de esta manera, sin esperar nada a cambio. Cumplir el
mandamiento de honrar a nuestros padres y de amar al prójimo, son acciones que
no deberíamos hacer para satisfacer el “ego”, sino para marcar el recuerdo de
los que amamos.
“quería tortilla mami”, “no se le ofrece tortilla mami”, “cómpreme tortilla mami”, es el canto de las tortilleras


Me gusto mucho, tiene esa frescura que tanto conozco, ese mundo en el que me sumerjo día a día... “quería tortilla mami”, “no se le ofrece tortilla mami”, “cómpreme tortilla mami”, es el canto de las tortilleras... Dame 20 Lempiras, están fresquitas verdad?
ResponderEliminarPor otro lado, eso que se que era tu diario a vivir, que llevas contigo, gracias por compartirlo de tan bella manera. Bendiciones y estaré deseosa de leer tu siguiente publicación.
Dios, si esta bueno esto, me encanto tu gesto y es para tomarlo de ejemplo.
ResponderEliminarsigue asi.....
Me da gusto saber que me lees. Un abrazo.
EliminarMi querida Quendy..senti que era yo caminando con mi viejita..ya no ve por el glaucoma...escribes muy bien..espero poder leer el proximo!! Besos y abrazos a la distancia..
ResponderEliminarQue bueno que e gusto Marcela. Besos a ti y a tu abuelita.
EliminarBuen relato, se siente que se está en esa ciudad.
ResponderEliminarMe llamó la atención el texto e iba preguntarte quién lo había escrito, pero al leer los comentarios me doy cuenta que es de tu autoría. Vaya. Qué gratificante!
ResponderEliminarÉxitos.
(Me queda una curiosidad más, jamás se me agotan, con respecto a qué te decidiste estudiar en la U y cómo sigue tu gusto por la lectura)
Hola Gustavo, mucho gusto y gracias por leerme... tengo descuidado mi blog. Fíjate que estoy viviendo en Aguascalientes Mx, y esto lo escribí ya estando aquí. Aquí estoy en la Universidad Politécnica de Aguascalientes y estudio Lic. en Administración de Negocios. y mi gusto por la lectura nació debido a que mi esposo es un lector apasionado de clásicos y narrativa, y eso me enganchó a querer saber las cosas que él sabe. Aquí hay una licenciatura que se llama Lenguas Hispánicas, pero lo mio es completamente pasatiempo. Un abrazo y de nuevo gracias por leer
EliminarMirá qué bien! Elegiste muy bien y él te eligió bien! Acertados ambos!
EliminarSaludos.
Cuídense!